Agua no facturada en México: cómo la telemetría y la detección de fugas recuperan ingresos para los organismos operadores
El agua más cara es la que se produce, se bombea, se potabiliza… y nunca se cobra. En México, según el análisis de BBVA Research con base en los Censos Económicos 2024 del INEGI, los organismos operadores facturan en promedio 5.5 de cada 10 litros que suministran, y de lo facturado recaudan el 69%: alrededor de 4 litros cobrados por cada 10 entregados.
No es un problema de un solo municipio: hay 2,922 organismos operadores registrados en el país, y las diferencias entre ellos son enormes. Nuevo León, por ejemplo, logra recaudar el 95% de lo que factura, mientras otras entidades tienen eficiencias físicas por debajo del 40%. La buena noticia es que esa distancia muestra que el problema sí se puede resolver.
Dónde se pierde el agua (y dónde el ingreso)
El “agua no facturada” mezcla dos problemas distintos que requieren soluciones distintas:
Las fugas en las redes de distribución representan más del 40% del agua según estimaciones citadas del Sistema Nacional de Información del Agua de CONAGUA, y algunos estudios académicos las ubican por encima del 45%.
Las cuatro piezas de la solución
Sin medición no hay facturación justa ni balance. La telelectura puede ser AMR (un lector pasa cerca y descarga las lecturas) o AMI (red fija que envía datos varias veces al día, por ejemplo cada 15 minutos). AMI permite detectar consumos nocturnos sostenidos —fugas internas—, alertar al usuario y facturar con evidencia. Las redes más comunes son LoRaWAN, NB-IoT / LTE-M y radios propietarias.
Dividir la red en sectores hidráulicos con entradas y salidas medidas permite aplicar una ecuación simple y poderosa: agua que entra − consumo registrado = pérdidas del sector. Así dejas de buscar fugas en toda la ciudad y priorizas los sectores que más pierden.
El radar satelital de apertura sintética (SAR) puede identificar zonas con humedad compatible con agua potable bajo el suelo y generar puntos de interés georreferenciados. Después, cuadrillas con geófonos y correladores acústicos confirman la fuga con precisión antes de excavar. Son tecnologías complementarias: el satélite dice dónde buscar; la acústica, dónde excavar.
La tecnología aislada no recupera agua. Hace falta una plataforma que convierta alertas en órdenes de trabajo, mida el tiempo de reparación, verifique el resultado y lo conecte con el sistema comercial y con un portal donde el usuario vea su consumo.
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